People Pleaser

May 1st, 2019

Article written by Melissa Blue

Artwork by Maddy Meredith

I have a bracelet from a friend. JEFA (read: BOSS) is the inscription. It’s taken me until exactly the writing of this piece to embody it. So let's clarify shall we? Outwardly, I already project this image--my friends think I have a take-no-shit attitude. My boyfriend often tells me to have some tact. I have been called blunt. I’m the person people turn to when they are afraid to ask someone else for something – because I’ll do it in a heartbeat.

 

Yet here I sit; worried that my mom will be angry when she sees my new nose piercing. Here I sit; worried about what people will say about my quick job search and aspirations. Here I sit; worried that my bosses will hate me if I give them 3(!) weeks notice instead of 2. Here I sit: worried to make boundaries to protect myself.

 

And that’s the thing. I’ll gladly advocate for myself to strangers. I’ll advocate for my friends. I’ll advocate for anyone to positions of authority. But for the life of me, I cannot advocate for myself if it is inconvenient for the authority figures close to me. The ones I want to please. The ones I hope will think I'm smart or polite or good.  

 

I was raised to be skeptical. I was raised to question all figures of authority—except my parents. Not God either! So I bent my strong will. At times. At home. Because not doing so could be disastrous. Painful.

 

And at school, I was praised for my straight A’s. I was praised for knowing the “right” answers. In math. In history. In English. Of course, I was furious when a teacher told me that the Maya didn’t live in present-day Mexico. She didn't know what she was talking about. Furious again, that time my fourth grade teacher told me Baja California wasn’t a state in Mexico. She didn’t know geography. But I didn’t challenge them. Not really. That would have gotten me in trouble.

 

While I was raised to be skeptical, I was also conditioned to be polite, and educated, and to respect my elders. I was told to speak with an inside voice, that anger wasn't productive, and that tears would be punished too. So in the end I wanted to be likeable. Strove for it, even though something inside me would always be yelling. And besides, how do you articulate so many things when you don't have support? Believe it or not, it can be terrifying to be the only one speaking.

 

I remember boys in class challenging the teacher. They were usually wrong. And annoying. But to have that confidence that comes because you have support. To question authority that affects you...to their face. Hm.

 

That boldness is in me. I’ve got that same energy too, right? But I smother it sometimes, for fear of being too loud, too bold, too offensive, or too intimidating.

 

So here I am, anew. Shirking my sense of duty, uncovering my mouth, and following through with actions that please me, not others. I’ve decided to start living for me. I love others, but I can’t live my life for them. I have to live my life for me, and love myself too.  

Complaciente

Tengo una pulsera que viene de una amiga: JEFA se lee. Me ha llevado a este punto para expresarme. Entonces, vamos a aclarar algunos puntos. Por fuera, ya proyecto un imagen-- mis amigos piensan que tengo una actitud de mierda. Mi novio me dice que a veces necesito tener más tacto. Me han llamado franca. Soy la persona a la que la gente recurre cuando tienen miedo a pedirle algo a otros, porque yo lo hago en un segundo.

 

Pero aquí me siento: preocupada por si mi mamá se enfada al ver mi nuevo piercing en la nariz. Aquí me siento: preocupada sobre si lo que la gente dirá respecto a mi búsqueda de trabajo y mis aspiraciones. Aquí me siento: preocupada por si mis jefes me odian si les doy 3(!) semanas de notificación en vez de 2.  Aquí me siento: preocupada por crear límites para protegerme.

 

Y esa es la cosa. Felizmente abogando por extraños. Abogando por mis amigos. Abogando por cualquiera que tenga un puesto de autoridad. Pero no por mi propia vida, no puedo abogar por mí, si esto incomoda o no es conveniente para las personas cercanas a mí. A los que quiero complacer. Los que espero que me consideren inteligente, bien educada o buena.

 

Fui criada para ser escéptica. Fui criada para dudar de figuras de autoridad, excepto de mis padres. Y tampoco de Dios. Entonces doblegué mi fuerte voluntad.  A veces. En casa. Porque si no, las cosas puedan ser desastrosas. Dolorosas.

 

Y en la escuela, fui elogiada por mis notas perfectas. Fui elogiada por saber las respuestas correctas. En matemáticas. En historia. En  inglés. Pero me enfurecí cuando una profesora me dijo que los mayas no vivían en lo que hoy conocemos como México. No sabía de lo que estaba hablando. Furiosa otra vez, cuando mi profesora de cuarto grado me dijo que Baja California no era un estado de México. No sabía geografía. Pero nunca les corregí, no realmente, porque eso podría suponerme problemas.

 

Mientras me criaron para ser escéptica, también me condicionaron para ser educada y respetar a mis mayores. Me dijeron que hablara para mis adentros, que la furia no era productiva y que las lágrimas también serían castigadas. Asi que, al final, solo quería que me quisiesen. Me esforcé para eso, incluso si en mi interior estaba gritando. Y, por otra parte, ¿cómo expresas todas estas cosas cuando no tienes apoyos? Por increíble que parezca puede ser terrorífico ser el único hablante.

 

Recuerdo a los chicos en clase retando al profesor. Normalmente estaban equivocados. Y eran molestos. Pero tenían esa seguridad para hacerlo porque contaban con apoyos. Cuestionar la autoridad de alguien… en su cara. Hm.

 

Ese atrevimiento también está en mí. Yo tengo esa misma energía ¿Verdad? Pero a veces la ahogo, por miedo a hacer demasiado ruido, demasiado atrevida, demasiado ofensiva o demasiado intimidante.

 

Entonces, aquí estoy, de nuevo. Eludiendo mi sentido del deber, destapando mi boca, y siguiendo las acciones que me complacen a mí y no a los demás. He decidido que voy a empezar a vivir por mí. Amo a los demás, pero no puedo vivir mi vida por ellos. Tengo que vivir mi propia vida, y quererme a mí también.